Observar desde el silencio

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Soy un hombre de silencios, porque es la forma en que Dios me permite observar para poder aprender. Hoy, contigo mi Ellie, me he dado cuenta de ello.

Somos una familia original, es así como papá lo describe y me encanta.

De muchas tradiciones que tenemos, una de la que más disfruto es la de nuestros paseos y recorridos por la ciudad y sus alrededores. Salir contigo, lo he dicho anteriormente, es siempre  toda una aventura. Es permitirme abrir los ojos y el alma, crecer, madurar y avanzar.

¿Te diste cuenta, hijo, de que hay personas que no tienen la fortuna de  contar con una familia que les cuide con amor, y un hogar en donde resguardarse? Ese inocente hombre tan mayor, quizás podría ser el abuelito de alguien y solo le queda recorrer las calles bajo este sol abrumador, enfermo, solo y deshidratado, me dice mi Ellie.

Y continúa: A nosotros, hijo, no nos hace falta nada. Nunca jamás pases de largo si ves la necesidad de alguien y tú puedes ayudarlo con una llamada a las autoridades pertinentes, a un amigo, o comprándole algo que esté necesitando. Pero no permitas que tu conciencia se quede intranquila y tu corazón vacío.

Esta es mi madre, la que una vez más me dejo ver su corazón misericordioso ayudando a un buen hombre  de mente perdida, pero no así falto de agradecimiento.

Cuando mi mamá,  desde arriba en el carro, se devolvió y se acercó a él para preguntarle si estaba bien, él todo agradecido le respondió que sí, que gracias. Pero no estaba nada bien, estaba a punto de desmayarse.

Ellie se fue a toda velocidad al primer pick quick que vio para comprar gatorade y agua, regresando con la misma prisa a buscar al Señor.

Él se había refugiado en la primera sombra que encontró, porque realmente estaba mal. Ellie se puso el cubre bocas, guantes, y se acercó guardando los seis pies de distanciamiento. Le dio el gatorade y agua. Él bebía agradecido de su botella de gatorade y, después de un rato, le dijo a mi Ellie: Gracias por haber regresado y por preocuparte por mí. Dios está en tu corazón y él está muy contento por lo que estás haciendo conmigo. Eres una buena mujer.

Ellie regresó al carro y marcó al 911 pidiendo auxilio.

Siempre me he sentido muy orgulloso de mi madre, pero hoy más que nunca después de  lo que ella le respondió al oficial que atendió su llamada:

-“Por favor hagan hasta lo imposible por venir, este hombre necesita de verdad ayuda”.

El oficial le respondió:

– “Deja veo que se puede hacer, pero no sé cuánto tiempo tomará si van a ayudarlo”.

-“Lo que sea que les tome yo no me voy a mover de aquí”, le dijo mi Ellie.

Esta es la hija más pequeña de Lilia y Francisco Muro, pero la del valor y compasión más grande para sus semejantes.

Amo ser su hijo y sé que debo de imitarla y sobretodo cuidarla. A veces no lo hago y ella perdona y olvida ¡Ay mi Ellie, que Dios te cuide muchos años!

 A los 10 minutos un oficial llegó a prestarle auxilio a nuestro nuevo amigo. Dijo que lo revisarían y le llevarían al hospital.  No supimos el nombre de nuestro amigo, porque mamá de los nervios olvidó preguntárselo, pero en el corazón nuestro y  en el de él queda un grato recuerdo.

Gracias Dios por mi madre.

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