Javier Murua, alma solidaria

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Cuando nos regalamos unos momentos de reflexión y concientización, logramos caer en cuenta de la fortuna y dicha de haber nacido. Hay muchos que no lo lograron, pero nosotros sí y llegamos a esta vida con destinos trazados.

Mi madre dice que llegamos al mundo con una misión que cumplir. A veces, la vida se nos hará de subida de atrás lomita, otras, de bajada y en picado. Pero para todo habrá las herramientas necesarias para ir alcanzando metas y así cumplir nuestras misiones.
También, desde muy pequeño, me pidió que me permitiera ser feliz lo más que se pudiera, porque ese debería ser nuestro mayor reto y el objetivo más claro. En casi 28 años, sin miedo alguno a equivocarme, les comparto que he sido y soy un ser feliz. Con todo y lo que la vida nos trae. Y aunque nos pueda dar sacudidas que de verdad nos ponen el corazón en carne viva, yo soy feliz. Esto sólo se lo debo a Dios y, obvio, a mis padres.

Las herramientas de las que yo hablo no son de hierro o plástico duro. En especial, hablo de esos seres que regalan a tu vida, esa luz que a veces se puede nublar, e incluso también apagar.
Por cosas de la vida, mi familia  he tenido el privilegio de elegirla yo. Empezando por mi padre, José Luis Garayoa Alonso. Gracias a él, la belleza del significado familia lo voy disfrutando día con día. Porque mi padre, con ese corazón generoso y noble, ha compartido conmigo a personas extraordinarias. Y aunque no he tenido mucho tiempo para conocerles a fondo, ni a veces siquiera sé de sus colores preferidos, ni la canción que les lleva a la nostalgia, ni sus fechas de nacimiento y todas esas cosas que se suelen descubrir en una convivencia continúa, yo soy feliz con tan solo saber que existen y que viven en mi corazón y los pensamientos de esta cabeza tan reburujada a veces.

Si hoy escribo en este blog es porque en Junio del 2015 llegó a mi vida un muy buen hombre. Mi corazón en un principio lo eligió como tío. Después, sentí que era tan sólo 10 años mayor que yo y que me da más confianza sentirlo primo.

Mi primo, Javier Murua, es fácil de describir aún sin saber mucho de su vida. Para mi es quien,  día a día, me hace despertar más entusiasmado, con ganas de salir a comerme al mundo entero en aprendizaje.

Es un hombre de muchos silencios y grandes acciones. Me gusta cuando se dirige a mí, pues sé que todos sus sentidos están puestos en mi persona. Me pregunta y me comparte cosas simples. Aunque su vida es especialmente interesante por la cultura que adquiere en cada viaje que hace.

Cuando estoy con él, el brillo de sus ojos y su constante sonrisa me dan tranquilidad. Sé que me hablará pausado y me dará tiempo para darle respuestas. Con él, el tiempo, aunque corre muy de prisa porque tiene que irse a trabajar o con mi prima Almudena, se disfruta más que al límite.

Observando a mi primo, entiendo el por qué de su estatura. Es la misma de enorme que tiene su compasión y deseos de servir y ayudar con la Fundación Maga a los que están más en desventaja. Pero no importa cuán tan alto sea, porque sabe mirar para abajo y empujar hacia arriba a las almas fragmentadas.

Hace un año y meses hicimos un trato y, desde entonces, lo he ido cumpliendo. Ahora lo haré desde aquí, desde mi blog. Continuaré plasmando trozos de mi alma, sintiéndome agradecido y afortunado de poder cumplir con mi parte del trato, pero, sobretodo, por tenerlo a él como mi primo y por quererlo como yo lo quiero.

Primo Javier, eres un hombre respetuoso y responsable de la memoria de la abuela. Sé que tu trabajo en Bodegas Muriel no es nada fácil, pero cada día sales en busca de cumplir con las misiones de tu vida. Eres un buen hijo y mi Ellie siempre me ha dicho que el que es buen hijo es buen todo. Sé que el abuelo Julián, mis primas Natalia y Elena, y tu esposa Almudena, mi prima, son felices de tenerte en sus vidas.

Cuando yo platico con Dios, le pido que en cada avión que ustedes abordan y en todas partes a donde vayan, los cuide más que al límite. Le pido vida con salud para cada uno de ustedes. Y de manera especial por el abuelo Julián, el bisabuelo, y por mi sobrinita Male.

A ti Dios, una vez más, te doy las gracias, porque me mandas lo mejor de tu creación.  A ti papá, por compartirme siempre lo más preciado para ti: tus amigos. Y a ti mi Ellie por enseñarme a amar y a valorar a cada persona que llega a nuestra vida.

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